Zoe Leonard

Zoe Leonard

ZOE LEONARD 

 

ZOE LEONARD (Nueva York, 1961) es una artista americana que comienza a desarrollar su trabajo en el marco de los años ochenta, presentando, desde sus inicios, una trayectoria particularmente interesante y moviéndose en una diversidad de disciplinas que van desde la fotografía y el vídeo hasta el cine o el teatro. Sus creaciones han sido expuestas en innumerables exposiciones colectivas e individuales en galerías de todo el mundo (Israel, Croacia, Suiza, Australia o Polonia entre otros). En el ámbito de la escultura o la instalación creó una obra a base de objetos pequeños, frágiles de las pieles deshidratadas de naranjas, aguacates, pomelos y plátanos que le sirvieron como metáforas de la pérdida y la muerte, además de la belleza y la sexualidad, lo cual lo relaciona con su trabajo fotográfico, lo más importante en su producción. Esta relación se produce en las fotografías de objetos mundanos y cotidianos que la artista capta y que se refieren a cuestiones trascendentales para la humanidad como es el concepto de memoria y el proceso de recordar. La cámara es un modo de llevar con ella todos los objetos encontrados, a modo de diario. En la documentación de ellos en situ, Leonard los eleva al rango de esculturas, con un respeto similar a las obras de arte que llenan plazas y galerías del mundo.

 

Es fundamentalmente por su trabajo fotográfico por el que destaca esta singular artista, con el que desarrolla posiciones y estrategias creativas que se mueven desde lo puramente conceptual hasta el realismo instrumentalizado, pasando por el activismo de género. Quizás la característica más significativa de su obra sea el equilibrio que consigue entre lo visual (la parte estética y formal de su trabajo) y su significado (las cuestiones sociales e ideológicas que es capaz de transmitir).

 

Sus fotografías se caracteriza por ser siempre en blanco y negro, sin retoques ni recortes, sino dejándolas tal y como están desde el momento en que la capta. No pretende engañar al ojo del espectador con meros retoques técnicos pues busca que éste se dé cuenta de que no se encuentra ante una obra pictórica sino ante la obra de una artista que observa y documenta el mundo a través de una cámara. Para ella esa es la belleza, las cosas que sorprenden por su quietud. Presenta el mundo tal y como lo ofrece su cámara.

 

Le interesa principalmente el carácter documental de la fotografía, no sólo la fotografía periodística sino también las aéreas, científicas o médicas, todas las formas en las cuales los seres humanos han documentado el mundo. En esta línea toma instantáneas de todo aquello que le emociona, ya sea por gusto estético, porque despierte en ella algún sentimiento, o simplemente porque le apetezca. Así, sus obras muestran paisajes, escenas urbanas, detalles de la anatomía humana… siempre con connotaciones profundas acerca de temas como la belleza, la muerte, el paso del tiempo, la feminidad, la sexualidad, la preocupación por las estructuras sociales o la sensibilidad ecológica. Sus obras son imágenes, llenas de poesía y sentimiento, en las que emplea una técnica simple para fotografiar el mundo desde su propio punto de vista: dispara en blanco y negro, toma muchas fotografías de un mismo objeto o tema, y después elige la imagen que más le convence. Pueden pasar varios meses e incluso años hasta que consigue dar con la imagen que buscaba pero no le importa; “la idea es adquirir unos aspectos formales para concentrarse y trabajar sobre el concepto”. Aspectos como la belleza o la emoción, tan complejos de abordar en el medio fotográfico, están presentes en su obra, complementados por una reflexión sobre el carácter instrumental e informativo de las imágenes, llegando a mostrar en ocasiones fragmentos escalofriantes de la realidad que sirven de crítica a la sociedad, como su serie de fotos de animales muertos tras haber sido mutilados por el hombre.

 

Basándose en estos temas y siguiendo estas características, crea obras y series de muy diversa índole, desde un remake del Origen del Mundo de Courbet, hasta la serie sobre paisajes y animales que presentó en París, pasando por The Fae Richards Archive (1996) y La Mujer Barbuda, dos obras que reflejan la visión feminista de la artista sobre la discriminación y la liberación de mujeres, además de su interés por la sexualidad femenina, asunto que también reflejó en una exposición en el Museo Neue (Cassel), en la que contrastó retratos Rococó de mujeres con fotografías en blanco y negro de genitales femeninos. De este modo introdujo las preocupaciones feministas en el contexto del museo, es decir, la protesta hacia la costumbre de las instituciones de hablar y mostrar sólo temas de belleza y deseo relacionados con la mujer; ella incluye también el de la liberación de la sexualidad femenina y el derecho de aquéllas a la autodeterminación. El principal problema es que no se trata a las mujeres como iguales: normalmente en el arte se representan los genitales femeninos de forma esquemática y disimulada, con una curva discreta o un montículo calvo, o, en la más directa pornografía, afeitados en un triángulo minúsculo, rosa, brillante y pulcro. Leonard quiso fotografiarlos de la manera en que los veía realmente, cada cual diferente, y de paso acentuar ese formalismo conservador que incomoda en los museos.

 

Este activismo feminista estará muy presente en su obra y en su vida, llegando a fundar el grupo conocido como “el Gatito Feroz” junto con dos amigas, al principio de los años noventa, con el que protestaban contra la discriminación de homosexuales a través de carteles y otras intervenciones en espacios públicos. En estos años Zoe Leonard también estuvo implicada en el Movimiento DAR GUERRA (la Coalición de Artículos para Soltar el Poder) que luchó contra la intolerancia y la indiferencia del gobierno americano y la sociedad ante la amenaza del SIDA. Todos estos movimientos activistas llevaron a la artista hacia otra dirección, comenzando a mostrar en sus obras claras ideas políticas, a examinar las estructuras de nuestro mundo, de los sistemas y de la gente que lo hace tan injusto y cruel. Todas estas inquietudes sociales, políticas e ideológicas se plasmarán en sus creaciones, además de otras preocupaciones acerca del entorno, como es la ecología y el problema ambiental.

 

En este sentido crea distintas series de árboles, elementos que aparecen continuamente en su trabajo pues los considera “un símbolo esencial: los árboles representan la casa, el refugio, las estaciones, el cambio y la estabilidad, la vida y la resistencia. Ofrecen la madera y el alimento: fuego, materiales de construcción, fruta; son la belleza; representan la conexión entre la tierra y el cielo, como los signos tanto de abundancia como de longevidad; reflejan cambios estacionales; indican fuentes de agua y zonas de supervivencia…”. La primera de estas series muestra árboles plantados en ciudades y rodeados por vallas. En un principio los bordes metálicos exprimen el árbol que crece, mientras que en última instancia, son esos bordes metálicos los absorbidos por los árboles.

 

De todos los ámbitos artísticos en los que Zoe Leonard se ha movido y se mueve, es la fotografía la que más satisfacciones le dejan; “es intrínseca a la observación”, significa estar presente en el mundo, sin crear ni imaginar, sino mostrando la realidad tal y como es y la forma en que ella la mira. Las fotos son “testimonios” de su vida, de su visión del mundo, buscando con ellas “re-enmarcar” la mirada del espectador, que tenga un segundo punto de vista ante la situación del mundo y de la sociedad.

Tree + Fence. E. 6th St. (close-up). 1998
Impresión de gelatina de plata. Edición 3/6.
41.1 x 31.4 cm.
Two trees. 1998
Impresión de gelatina de plata. Edición 3/6.
41.1 x 31.4 cm.