22 Abr La apisonadora y el violín

IMG-20150419-WA0015[1]Con motivo de la nueva exposición que inauguramos el pasado 17 de abril en la Fundación, queríamos dejaros el magnífico texto que la comisaria, Marta Mantecón, nos ha “regalado” para sumergirnos en las obras que forman parte de la Colección Meana Larrucea.

Marta Mantecón es licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense y Diplomada en Turismo por la Escuela Superior de Turismo de Madrid. Inicia su actividad profesional en 1999 en el ámbito de la gestión cultural privada como responsable de comunicación y coordinadora de exposiciones y proyectos museográficos, didácticos y de arte público.

Desde 2005 trabaja de forma independiente como comisaria de exposiciones, coordinadora de proyectos culturales, investigadora, docente, y escritora de arte contemporáneo y cultura visual desde la perspectiva de género.

Además de este genial curriculum, es una maravillosa persona y una excelente profesional y desde la Fundación tenemos que agradecer el trabajo que ha realizado con nosotros durante la semana de montaje de “La apisonadora y el violín”.

Son muchos los posibles recorridos que pueden plantearse dentro de una colección alrededor de diferentes nexos temáticos, conceptuales, técnicos o formales. Más allá de ofrecer una muestra centrada en un aspecto en concreto, se ha optado por articular una travesía multidisciplinar basada en la seducción y sus bifurcaciones, tomando como eje la Colección Meana Larrucea. La selección efectuada reúne obras de 35 artistas de distintas generaciones y procedencia contextual –entre los que se encuentran nombres de referencia internacional como Joseph Kosuth, Cildo Meireles, Sophie Calle, Teresa Margolles, Olafur Eliasson, Miroslaw Balka, Santiago Sierra o Mona Hatoum–, realizadas entre 1985 y 2015, incluyendo pintura, dibujo, collage, escultura, piezas sonoras, fotografía y vídeo.

El epígrafe que sirve de título a la exposición ha sido tomado de la primera película dirigida por Andrei Tarkovsky en 1960. Se trata de un mediometraje que muestra la relación de amistad y mutua fascinación que se establece entre Sasha y Sergei, un niño que toca el violín y un hombre que conduce una apisonadora –variantes del artista o intelectual y del obrero– en un país en pleno proceso de reconstrucción después de la guerra. Aparentemente opuestos, el violín y la apisonadora representan el objeto artístico frente a la máquina, lo liviano frente a lo pesado, lo inmaterial frente a lo material, lo espiritual frente a lo funcional y práctico; sin embargo, son capaces de ejercer una atracción recíproca en los protagonistas, componiendo un hermoso relato sobre la seducción. La película, llena de plasticidad y con una profunda carga onírica, incluye una serie de elementos simbólicos que guardan una estrecha relación con las obras seleccionadas en esta travesía: el conflicto entre individuo y sociedad, los binomios construcción-destrucción o presencia y ausencia, el conocimiento más allá de lo visible, el aprendizaje, el esfuerzo o la búsqueda de la excelencia, los reflejos, la resonancia, el juego, la imaginación y la fantasía.

 

¿A qué nos referimos cuando hablamos de seducción? ¿En qué consiste hoy la experiencia estética? ¿Por qué algo nos cautiva? Esta exposición trata de profundizar en las múltiples razones que provocan que una determinada pieza nos seduzca y nos interrogue, independientemente de su forma, su contenido o su adscripción a cualquier categoría, proporcionándonos un conocimiento sensible y racional en el que pueden tener cabida elementos tan dispares como un violín o una apisonadora. Se trata, en última instancia, de dejarse llevar por la inmediatez de la experiencia, tomando como punto de partida un conjunto deslumbrante que plantea infinitas posibilidades, así como puntos de conexión y fuga entre diferentes discursos, lenguajes y matices poéticos o políticos.

Las obras seleccionadas se han dispuesto en las distintas salas de la Fundación Valentín de Madariaga generando una serie de diálogos. El itinerario expositivo se abre con un espacio que profundiza en las nociones de presencia y ausencia, formado por las propuestas de Rodney Graham, Sophie Calle, Teresa Margolles y un paisaje sonoro de Lúa Coderch. Seguidamente, las obras de Cildo Meireles, Yoan Capote, Carlos Garaicoa, Olafur Eliasson, Guy Limone yHreinn Fridfinnsson, incorporan diferentes sistemas de medición que introducen conceptos relacionados con el orden y el caos. Las piezas de Efrain Almeida yAnn Messner problematizan con lo liviano y lo pesado, mientras que los libros de Fernanda Fragateiro y la proposición lingüística de Joseph Kosuth se plantean la naturaleza de la obra de arte más allá de lo visible. Junto a ellos, una jaula de Pepe Espaliú y una simbólica cerradura de Alberto Peral aluden nuevamente al vacío y la ausencia. El resto de obras seleccionadas proponen diferentes proyecciones físicas o conceptuales (Santiago Sierra, Nuno Ramos, Loydis Carnero oMona Hatoum) y construcciones que subvierten la frontera entre la realidad y la ficción (Helena Almeida o Anne Deleporte), así como alusiones al reflejo (Los Carpinteros o Valeska Soares), la resonancia (José Antonio Hernández-Díez, Reynier Leyva Novo o Félix Curto), el conocimiento sensible (James Lee Byars, Miroslaw Balka o Fernanda Gomes), o la imaginación y la memoria (Hiraki Sawa y Rosângela Rennó). Completan el recorrido una selección de obras deBestué-Vives, Yaima Carrazana y Sebastián Díaz Morales, articulando un espacio al aire libre centrado en el videoarte en el patio de la Fundación.

 

Post publicado por:

Ana Isabel Medina

Responsable de Cultura

Fundación Valentín de Madariaga

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